Textos
Claudia Siles
Participó en
la revolución que llevó a Castro al poder. Pensó que así llegaría la
democracia a la isla. En 1963 renunció al ejército fidelista y hoy es su
mayor opositor. Dice que no es terrorista y
que su meta se llama libertad.
La
historia de Rodolfo Frómeta ha recorrido el mundo. Bajo el rótulo de buscar
la libertad para Cuba, su país natal, ha enfrentado la lucha más tenaz y ha
pasado quince años preso. Hoy, a sus 56 años, sigue dispuesto a dar la vida
con tal de derrocar a Fidel Castro, el presidente que lleva 44 años en el
poder. Frómeta es el máximo dirigente de la organización Comandos F4 por la
libertad de Cuba, con sede en Miami. Su movimiento está integrado por 13
delegaciones, una de ellas asentada en Solivia. Desde su casa, en un barrio
de Miami, así conversó:
-¿En
qué circunstancias salió de Cuba?
-En 1968
crucé la base naval de Guantánamo. El gobierno norteamericano me recibió.
Desde entonces he tratado de ingresar a Cuba para combatir a Castro, para
crear la oposición.
-Lleva
usted décadas enfrascado en el mismo propósito ¿Por qué?
-Yo ayudé
a hacer la revolución, me uní a los que luchaban en contra de la tiranía del
entonces presidente Fulgencio Batista. Pasado un tiempo pude ver que el
sistema de Fidel Castro no era acorde al ideal por el cual yo y otros
compañeros habíamos combatido, en busca de un cambio que estableciera la
democracia. Por eso, en 1963 decidí renunciar al ejército fidelista y me
convertí en opositor del Castro-comunismo.
-¿Qué
le ha costado oponerse al régimen de Castro?
-En 1981,
cuando viajé a Cuba para reclutar gente, por un trabajo mal hecho de uno de
los nuevos, me cogieron. Me llevaron a un lugar llamado Villa Marista. Fui
torturado de la peor manera para que dijera a qué fui a Cuba. Me pusieron
frente al hombre que había confesado el plan. Entonces le dije al gobierno
cubano: "Son unos criminales. Los ayudé a hacer la revolución porque pensé
que era una causa justa, pero al ver que no era así, decidí luchar contra
ustedes". Me metieron a un frigorífico para que delatara a los demás pero,
gracias a Dios, resistí. Me condenaron a 20 años. Me mantuve en calzoncillo
y camiseta porque nunca acepté la ropa de preso común que Castro imponía
para mostrar al mundo que no existen presos políticos en Cuba. En diez años
encerrados me mataron a mi hijo Luis Manuel, de 19 años, porque se negó a
coger un fusil en el servicio militar obligatorio. Luego mataron a mi
hermano Ormis Arjeo Frometa, cuando dijo que denunciaría al mundo la tortura
a la que había sido sometido. También le causaron un infarto a mi padre,
cuando se enteró que yo estaba sin asistencia médica, casi entre la vida y
la muerte. Llegué a pesar 42 kilos.
-¿La
muerte de familiares refuerza su deseo de lucha?
-Creo que
esto lo traigo en la sangre. Soy de origen campesino, guajiro. Mi abuelo por
parte de madre fue primer teniente del Ejército Libertador Cubano, que luchó
contra la colonia española. Por parte de padre, mi abuelo Gabino Frómeta
también fue oficial del ejército. Yo, estando cómodo en Miami, trabajando,
con un Cadillac del año para salir los domingos y un Chevrolet para ir al
trabajo, dejé mi porvenir para ir a Cuba a crear oposición.
-¿Logró poner en marcha atentados contra Castro?
-Realicé
14 misiones en Cuba, desde 1991 a 1994. Después fui detenido por el gobierno
norteamericano cuando logré conseguir misiles, no con la idea de hacerle
daño al pueblo cubano, sino con la idea de liberar a mi patria del yugo
opresor. Castro se reunía en una unidad militar y yo traté de volarlo con
todo y edificio. Me ofrecieron un año en mi casa si renunciaba a hacer algo
contra Castro. Dije que la causa de Cuba no era negociable, ¿Apoyo a la
fuerza? que lucharía mientras tuviera vida. Le jalé cinco años al gobierno
estadounidense.
-¿Sigue creyendo que para lograr el cambio hay que usar armas?
-Todos
aquellos que piensen que a Fidel se puede derrocar por la vía pacífica están
equivocados. Él se ha reído y burlado de todo aquel que ha querido mostrar
un cambio pacífico. Nosotros apoyamos toda táctica contra Fidel Castro, pero
entendemos que hay un solo camino: el uso de la fuerza.
-¿Por
qué no han prosperado los atentados contra Castro?
-Aunque
sea feo decirlo, Estados Unidos ha sido, en parte, responsable de que esto
no se haya consolidado. Siempre han velado por la vida de Fidel Castro,
porque no se haga aquí el plan para derrocarlo, según la ley de neutralidad.
Por eso me llevaron cinco años a la cárcel, por intentar hacer algo contra
Castro.
-¿Cómo
está procediendo entonces su movimiento?
-Comandos
F4 en este momento está organizado dentro de Cuba. Trabajos como el del 16
de diciembre de 2002 lo demuestran: Una célula nuestra hizo un atentado a
Pablo Roque, el enviado de Castro que se infiltró en Estados Unidos y ayudó
a que dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate fueran derribadas
en 1996. Comandos F4 juró que esto no se iba a quedar impune. Por eso, con
una alianza que hay en Cuba, atentaron contra Roque. El gobierno cubano no
quiere admitir esto para que el mundo no vea que Comandos F4 ha tenido la
capacidad de hacer justicia dentro de Cuba. Pero quiero aclarar que nosotros
no mandamos a matar a nadie. En Cuba existe el alto mando de Comandos F4,
ellos pueden hacer, sin tomar contacto físico conmigo, todo lo que fuera en
beneficio de la libertad de Cuba.
-Fidel
Castro ya tiene 77 años. Ha tenido recaídas en público, se lo ve cansado.
¿Cree que con su retiro podría terminar el sistema?
-Castro
es el hombre al que más miedo le tienen. Fue capaz de fusilar al General
Amoldo Ochoa, a los hermanos La Guardia, que recibieron hasta medallas de
héroes de Cuba. Al ponerlos al paredón de fusilamiento la gente se ha dado
cuenta de que Fidel Castro es capaz de asesinar a su propia madre. La hora
en la que Castro desaparezca, se van a matar entre ellos por el poder. Es
posible que nosotros aprovechemos esa oportunidad.
-Entonces ¿usted proyecta la muerte de Castro como una salida?
-No me
gustaría que Fidel muera de muerte natural. Quisiera ajusticiarlo. No va
pagar nunca el daño que ha hecho, pero quisiera hacerlo para que no se diga
que no hubo un cubano con los pantalones bien puestos como para eso. Si
Castro desaparece, la salida no vendrá tan rápido. Podrían pasar meses,
quizás un año, pero sí, podría ser el fin de la "revolución", porque lo que
han hecho es robar a todos.
-¿No
alimenta usted demasiado odio?
-No
siento odio, no quiero ensañamiento. El día que haya un cambio político en
Cuba, no voy a querer que le arranquen la cabeza a ninguno de los que me
torturaron. Sólo quiero que se haga justicia, que lleven a los tribunales a
aquellos que tienen las manos manchadas de sangre. Que un tribunal
independiente los juzgue.
-Se
dice que si bien Castro no da lujos a su pueblo, le permite acceso a la
salud, educación, techo. ¿Cómo ve esto, cuando en muchos países
latinoamericanos llamados libres y
democráticos, siguen siendo éstas las mayores dificultades?
-Eso es
una gran mentira que se creen afuera. La experiencia de un dominicano, que
fue a Cuba porque quería motivar una revolución en su país, con la esperanza
de que su pueblo pudiera vivir mejor, es una prueba. Cuando vio a una madre
correr para evitar que botara restos de comida a unos perritos, cuando la
escuchó decir: "Señor, no lo haga porque hoy no he puesto el caldero", este
dominicano entendió que no era eso lo que quería para su país. Dicen que los
niños no pagan los estudios, pero ellos van a campos de concentración desde
los 8 años.
-
Cuando el presidente cubano se dirige al pueblo, siempre hay mucha gente
ovacionándolo ¿cómo explica esto?
-¡En Cuba
existe un temor..., que nadie se atreve a hablar! La gente es llevada presa
o amenazada de muerte. Entonces, quien tiene familia no quiere crearse
problemas.
-¿Qué
panorama ve para Cuba?
-Creo que
este año va ser fructífero para nosotros, por la cooperación de la gente.
Tenemos altos oficiales cubanos trabajando con nosotros. Si hay varios
coroneles que se están arriesgando, es porque ven que el proceso de Cuba va
hacia atrás. Ven el decaimiento de Fidel y Raúl Castro, la corrupción. Se
les está yendo el control. Espero que Fidel Castro no pase de tres años para
que esté desaparecido del sistema por completo.
-De
ser así, ¿espera asumir un cargo, podría
usted dirigir el país?
-Tenemos
muchos profesionales, jóvenes en nuestras filas. Trabajamos para formar el
Partido Cubano. Son jóvenes que han luchado. Yo me conformo con ayudar,
quizá en algún cargo en las Fuerzas Armadas, pero sobre todo ayudando a que
el país progrese.